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Falleció Pedro Octavio Figueroa, fundador del MPJ y defensor incansable de los jubilados

La tarde del lunes nos enlutece a los trabajadores de medios que tuvimos el placer de compartir su conocimiento y especialmente simpatía. Porque si algo caracterizaba al buen Dr. era su amplia predisposición, buena voluntad, ya sea para brindar una nota telefónica sobre una resolución de ANSES o llegar hasta el estudio de televisión para improvisar sus columnas previsionales.

Pícaro, atrevido, si el tema era una nueva modalidad de ajuste para los haberes, aún así le gustaba dejar un comentario militante, solo para dejar en claro su fastidio con una clase política que según el, había usado, mentido y fastidiado históricamente a sus queridos adultos mayores. A Sergio Massa no lo podía ni ver, pero tampoco simpatizaba con las corrientes partidarias modernas como el macrismo o los libertarios. Pero aunque todo parecía perdido, nunca negociaba la sonrisa esperanzadora al final de su comentario.

Lo llora la política jujeña de ayer, hoy y siempre. Porque supo levantar los cimientos de un partido que por más meteórico que haya sido su ascenso y caída, el Movimiento Popular Jujeño logró escribir sus propias páginas sin ayuda. Figueroa todavía se mensajeaba con Cristina, la hija de su buen ladero Horacio y seguramente iba a estar a disposición de su nieta Bárbara que trata de incursionar nuevamente en las grandes esferas del Congreso por estos días.

Sus crónicas sobre los vaivenes parlamentarios ya sea en las ligas mayores o en la otrora humilde Casa de Piedra, son atemporales, algo así como un monólogo de Tato Bores. Pero más allá de haber coexistido con los aspectos sombríos de la política en el siglo XIX, no dejaba de enorgullerce por haber formado parte del selecto grupo de jujeños que elaboró la Constitución Provincial de 1986, casi tan de avanzada como la versión nacional del 1994 como para darse una idea de la revolución a nivel jurídico que implicó.

Indeleble será su huella, hasta sus últimos días asesorando a los adultos mayores que llegaban a su despacho de la Av. 19 de Abril, pero también deteniéndose ante una consulta espontánea cuando lo agarraban saliendo de su pintoresca casa de Patricias Argentinas. Y aunque el nombre seguirá escuchándose porque se hizo tradición pasarlo completo en la familia, su legado y amabilidad seguramente perdurará por mucho tiempo más.

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