Durante la sesión ordinaria celebrada el jueves 2 de octubre, la Cámara de Diputados de Jujuy sancionó la Ley Nº 6.476, que declara al Santuario de la Virgen de Río Blanco y Paypaya como Patrimonio Cultural y Natural de la provincia. La medida fue aprobada con respaldo mayoritario, y comenzó a regir luego de su promulgación.
El reconocimiento se fundamenta en la valoración del santuario no solo como un sitio de fe religiosa, sino también como parte integrante de la identidad cultural local, con atractivos patrimoniales en su entorno profundo. En los considerandos de la ley se menciona que el santuario, ubicado en Río Blanco, busca integrarse al circuito religioso provincial en un esfuerzo de rescate histórico, cultural y territorial ante los procesos de cambio que atraviesan el ambiente y la economía de la zona.
La diputada Valeria Gómez, quien actuó como miembro informante del proyecto, expresó que esta declaración implica “proteger no solo un templo, sino el resguardo de la fe y religión de todo un pueblo”. También puso de relieve la participación de organizaciones de la sociedad civil y organismos locales durante el tratamiento legislativo. Mariela Ortiz, señaló que el aporte de esas entidades permitió fortalecer el proyecto al reconocer el valor histórico del santuario.
El punto neurálgico de la fe en los Valles
El sitio emplazado en Río Blanco, departamento de Palpalá, un sitio de peregrinación tradicional en Jujuy. Cada mes de octubre (aunque este año también septiembre) fieles de distintas localidades se concentran para manifestar su devoción, lo que subraya el valor religioso y simbólico del edificio.

La Virgen del Rosario es la patrona de la provincia de Jujuy; el santuario representa el lugar donde nació su devoción por ella en tiempos de la evangelización de los Paypaya, uno de los pueblos originarios de la zona.
Esta declaración patrimonial abre nuevas posibilidades para la protección, conservación y promoción del santuario, ya que lo incorpora formalmente al marco legal provincial de bienes culturales y naturales. Con ello, el edificio y su entorno podrían recibir mayor atención en materia de conservación, mantenimiento y reglamentación del uso del suelo, coherente con su valor religioso, social e histórico.














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