El debate económico de la semana giró en torno a una propuesta para gravar el uso del efectivo, impulsada por el exviceministro Emmanuel Álvarez Agis. Aunque el presidente Javier Milei rechazó públicamente la idea —llegando a tildarlo de “ladrón”—, el trasfondo es que el billete ya se encuentra en sus niveles más bajos de uso, desplazado por los medios de pago electrónicos.
A pesar del rechazo a la polémica iniciativa, el Gobierno también dejó en claro que no eliminará aún el impuesto al cheque, vigente desde 2001 y con un peso fiscal difícil de reemplazar.

En una conferencia de FIEL, el ministro de Economía, Luis Caputo, explicó que el país no puede “darse el lujo” de eliminar impuestos altamente recaudatorios, como el impuesto al cheque, que aporta 1,5% del PBI, más que las retenciones. Aunque la reforma tributaria será presentada en el Congreso, el funcionario adelantó que la prioridad será simplificar el sistema antes que reducir la carga fiscal, siempre resguardando el superávit como ancla del programa económico.
Radiografía del declive del efectivo
El uso de dinero físico continúa en caída libre. Según el Banco Central, el circulante se mantiene en 6,2% del PBI, su nivel más bajo en años. También disminuyó el retiro de billetes: de 2,8 extracciones por adulto en diciembre de 2024 a 1,9 en junio de 2025, lo que refleja un menor uso cotidiano. En paralelo, los comercios muestran la misma tendencia: el efectivo perdió terreno incluso en compras pequeñas, mientras las transferencias y los Pagos con Transferencia (PCT) se consolidan por su acreditación instantánea y su bajo costo.
El ecosistema digital sigue expandiéndose de manera acelerada. En junio de 2025, cada adulto realizó 28,4 operaciones electrónicas mensuales, un 13,2% más que el año anterior. Los pagos inmediatos representaron el 60% del total de transacciones y las transferencias por adulto pasaron de 5,8 a 15,2 en un año y medio. Además, algunos sectores del mundo fintech consideraron que gravar el efectivo no es una idea descabellada, ya que muchas transferencias entre personas quedan por fuera de cualquier impuesto.

En ese contexto, las tarjetas muestran comportamientos dispares: el débito retrocede, en parte por la popularidad de los fondos “money market”, mientras que el crédito crece en operaciones y montos. Hoy, más de 28 millones de personas realizan pagos electrónicos y los usuarios que combinan medios digitales y físicos pasaron de 17,3 a 27,4 millones entre 2022 y 2025, confirmando que la economía argentina atraviesa una digitalización estructural.
Fuente: TN
















Deja una respuesta