En un mundo pequeño pero tan saturado como el de los medios de comunicación, es raro pero sumamente apreciado encontrar gestos de amistad desinteresada como los que proponía Franco en su día a día: abría su agenda, compartía contactos, guíaba a los nuevos cronistas por las calles laberínticas de los barrios siderúrgicos, ofrecía un consejo o invitaba una bebida en los días de calor.
Compartir con el, aunque sea un rato al día, era sinónimo de sonrisas, por su divertida personalidad y desfachatez, un encanto que traspasaba la cámara y encariñaba a los televidentes, pero también a quienes tuvimos el gusto de compartir una cobertura en la ciudad, Zapla de 10, Mi Salud o tantos otros ciclos de los que formó parte.
Muy grato fue ver que en su despedida, al Salón de Eventos del club Altos Hornos Zapla llegaban desconocidos por montones, quienes habían recibido el mismo trato de parte de Rufo. En cuestión de horas la sede merengue se lleno de historias sobre como tendió ayuda más allá del Canal 10 de Videotel.
"Me acercó un proyecto cuando estaba sin trabajo", me comentó uno de sus amigos cercanos....
"Cuando andaba corta de ropa me regaló dos camisas", escuche decir a una abuelita...
"Me transfirió unos pesos cuando más lo necesitaba", contó conmovido un vecino...
Más de una década dominando las calles de Palpalá, ávido por buscar información sin cortarle el micrófono a nadie, le valió respeto en los barrios, entre funcionarios municipales, concejales, vecinos, asociaciones civiles e instituciones artísticas. Esa ética de trabajo se plasmó en las decenas de personas que sintieron la obligación de deserle un buen descanso y abrazar a su madre, hermanos, esposa y fundamentalmente a Morena y Olivia, quienes no se despegaron de su amado papá.

Hoy temprano, el padre Matías vino desde Río Blanco para oficiar su misa, minutos antes de su traslado final, porque incluso entre los círculos de la fe, tenían estima por el "periodista amable", como lo caracterizaron en un posteo. También lo fue a ver el padre Macagno y nuestro párroco local Juan Carlos Serín, entre tantos otros referentes de la fe católica.
Nadie faltó a la cita, cancha llena como las tribunas de su amado Racing que ojalá pueda homenajearlo dentro de algunos días. Pero si se trata de fútbol, su otra gran pasión y la de su añorado papá Alberto "Víbora" Rufino (una pérdida de la que Franco no pudo recuperarse) los hinchas de Zapla, de Atlético Palpalá incluso de nuestro superpoblado fútbol amateur también se sumaron a la despedida presencialmente o entre las redes. Cientos de jugadores y técnicos entrevistados a lo largo de los años.
Masivas muestras de afecto pudieron verse en los sitios locales, incluso de la vecina provincia de Salta hasta donde llegaban los gestos de Franco. Pocas veces se rinde tanto homenaje a un periodista local, lo que resalta aún más su aporte.
Esta crónica no hablará de la situación médica que nos lo arrebató, pero si del legado imborrable que deja sobre todo un departamento... incluso más alla de la Avenida Juellar y el Río Los Alisos, porque el oficio lo llevó a recorrer toda la provincia, siempre predispuesto a informar, siempre listo a compartir.
Hasta siempre al gran periodista, al buen vecino y al excelente ser humano...
Que en paz descanses... Franco Benjamín Rufino




















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