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Crece la preocupación por el desfinanciamiento científico y la creciente fuga de cerebros jujeños

Entre discusiones políticas, ideológicas y finalmente económicas, los efectos en el prestigioso mundillo científico local podrían acentuarse y no precisamente para bien, ese es el análisis que muchos de los pensadores del ámbito que no comulgan precisamente con las premisas libertarias advierten.

La investigadora del CONICET y docente de la Universidad de Buenos Aires, Clarisa Otero, expresó su preocupación por la situación crítica que atraviesa el sistema científico argentino, en un contexto de recortes presupuestarios, suspensión de ingresos y paralización de proyectos de investigación. En declaraciones recientes, Otero advirtió que las políticas de ajuste impulsadas por el gobierno nacional están generando un deterioro profundo que amenaza con desmantelar décadas de desarrollo científico en el país.

“Estamos en una crisis muy profunda desde hace más de un año y medio”, señaló Otero, haciendo referencia al cambio de rumbo iniciado por la actual gestión. Según explicó, el impacto más inmediato es la pérdida del poder adquisitivo del personal de investigación. “Estamos con un desfasaje del 35 al 40% en los sueldos”, afirmó, al tiempo que denunció que no se han otorgado nuevas becas de investigación, ni se permitió el ingreso al sistema de al menos 800 personas que ya habían sido seleccionadas en 2022 y 2023.

Además del congelamiento salarial, la investigadora apuntó contra la interrupción total del financiamiento para proyectos, así como para el mantenimiento de los institutos. “No hay plata ni para sostener los edificios”, denunció. Otero también cuestionó la reciente política de becas “estratégicas”, que excluye a muchas disciplinas tradicionales del país, lo que podría dejar vacantes sin cubrir, fomentando el fenómeno fuga de cerebros.

Se está repitiendo, sobre todo en los estamentos más jóvenes. Los alumnos buscan becas en el exterior para continuar sus carreras

La investigadora también criticó duramente el discurso oficial que a su criterio deslegitima el rol del conocimiento, especialmente del organismo que integra, uno de los «blancos», en la primera etapa de la campaña de recortes que caracterizó a Javier Milei y sus seguidores:

Hay un ataque permanente y un desprestigio hacia las ciencias, en particular las sociales y humanidades. Nos acusan de ser ñoquis, de hacer ciencia por hobby, cuando nuestro trabajo impacta de manera directa en la vida cotidiana de la población

Nuestra formación es muy larga y rigurosa. Este maltrato permanente erosiona no solo al sistema científico, sino también a la calidad del país que queremos construir

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