La Selección Argentina cerró su participación en las clasificatorias con una caída en Guayaquil que, si bien se dio en un contexto particular, enciende una luz de alerta. Con ambos equipos ya clasificados para el Mundial, el conjunto dirigido por Lionel Scaloni presentó una formación alternativa y no pudo ante un sólido rival. La derrota ante Ecuador es una señal que debe ser puesta en contexto, pero que marca el cuarto traspié del equipo en 18 partidos.
Argentina no logró mostrar su mejor versión en una de sus últimas pruebas antes de la Copa del Mundo y cayó con justicia. Además, el resultado confirma una tendencia preocupante para el equipo: su dificultad para afirmarse fuera de casa, habiendo ganado apenas dos de las últimas cinco veces que jugó como visitante por eliminatorias.

Un primer tiempo que desnudó falencias
El inicio del partido fue una pesadilla para la albiceleste. Según el análisis, los primeros 15 minutos no solo fueron los peores en estas eliminatorias, sino también uno de los tramos más flojos en los siete años del ciclo de Lionel Scaloni. La decisión del entrenador de modificar media formación con jugadores que habían tenido menos minutos no dio resultado, y las sociedades futbolísticas que caracterizan al equipo no aparecieron.
La defensa, especialmente por el costado derecho, fue un punto débil constante, sufriendo los desbordes del ecuatoriano Nilson Angulo. En ataque, el panorama no era mejor, con un Lautaro Martínez aislado e incómodo. La situación se agravó con dos jugadas clave: primero, la tarjeta roja directa a Nicolás Otamendi tras derribar a Valencia, y sobre el cierre de la etapa, un penal concedido por Nicolás Tagliafico que el mismo Enner Valencia transformó en gol.

Reacción insuficiente y una lección a futuro
El segundo tiempo trajo un cambio de escenario cuando Ecuador también se quedó con diez jugadores por la expulsión de Moisés Caicedo. Scaloni movió el banco e introdujo a figuras como Julián Álvarez y Giovani Lo Celso, lo que permitió a Argentina tener más control del balón. Sin embargo, esta mejoría no se tradujo en peligro real. Al equipo le faltó claridad y casi no tuvo oportunidades de empatar, mientras que Ecuador se defendió con orden y amenazó con liquidar el partido de contragolpe.
Para Argentina, el resultado, si bien desalentador, no deja de ser un pequeño tropiezo en una gran eliminatoria. Si bien las circunstancias atenuaron el impacto, la actuación dejó en evidencia que, de cara a los máximos desafíos que se avecinan, el equipo necesita mostrar una versión superadora en todas las facetas del juego.
Fuente: La Nación.














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