El año parlamentario llegó a su fin con resultados limitados y un nivel de actividad que quedó por debajo de los registros de los últimos diez años. A lo largo de 2025, el Congreso celebró 22 sesiones, la mitad de ellas de carácter especial, y concluyó el período con 11 leyes sancionadas, 20 emplazamientos a comisión, 7 vetos presidenciales y el rechazo de 5 decretos de necesidad y urgencia (DNU).

El elevado número de sesiones convocadas por fuera del calendario ordinario dejó en evidencia las dificultades para alcanzar consensos básicos entre los bloques, mientras que el crecimiento de los emplazamientos reflejó un uso más frecuente de esta herramienta por parte de la oposición para impulsar proyectos que no lograban avanzar por la vía tradicional.

Escasa sanción de leyes y predominio opositor
Del total de normas aprobadas, tres correspondieron a acuerdos internacionales que habían quedado pendientes de la gestión anterior, mientras que las ocho restantes surgieron de iniciativas promovidas por sectores opositores. Entre ellas se incluyeron declaraciones de emergencia, modificaciones presupuestarias y leyes vinculadas a jubilaciones, discapacidad, salud y educación superior. No hubo proyectos del oficialismo que alcanzaran la sanción definitiva.

La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo se tensó aún más cuando el Presidente vetó siete de las leyes aprobadas, aunque el Congreso consiguió insistir en tres oportunidades. Esta dinámica reforzó la imagen de un Parlamento activo en el control político, pero con baja capacidad de producción normativa sostenida.

Disputa institucional y nuevo mapa político
El control sobre los DNU también fue parte del conflicto entre poderes: cinco decretos fueron rechazados durante el año, en un contexto de creciente confrontación política. La debilidad del oficialismo en ambas cámaras condicionó su estrategia legislativa y expuso la dificultad para reunir mayorías estables.
Tras las elecciones de octubre, el escenario comenzó a modificarse. En Diputados, La Libertad Avanza pasó a contar con 64 bancas y, con el acompañamiento de aliados ocasionales, podría superar el tercio necesario para bloquear iniciativas adversas. En el Senado, el oficialismo incrementó su representación hasta 19 escaños, aunque ningún bloque alcanzó la mayoría propia.















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