La comunidad educativa de la Escuela Benito de La Bárcena vivió una jornada cargada de abrazos, aplausos y profunda emoción. Como había anticipado JujuyViral, el pequeño Enrique Luna, de tan solo 7 años, emprendió este lunes su ansiado vuelo desde el Aeroparque Jorge Newbery rumbo a Jujuy tras recibir el alta médica en el Hospital Garrahan. Su retorno a las aulas en la ciudad siderúrgica de Palpalá se transformó en un festejo inolvidable donde toda la comunidad escolar se unió para celebrar el fin de una larga y victoriosa batalla.
Fueron un año y cuatro meses de una contienda que conmovió a toda la provincia. Desde que se detectó su afección oncológica, el niño debió afincarse en Buenos Aires junto a su familia para afrontar intensos ciclos de quimioterapia. Semanas atrás, el sonido metálico de la campana resonando en los pasillos del centro de salud porteño marcó el fin de la tormenta y el inicio de la etapa más anhelada: armar las valijas para volver a casa.
El reencuentro en el patio escolar superó cualquier expectativa. Entre globos de colores, pancartas con mensajes de bienvenida y carteles que lo proclamaban como «Super Enrique», cientos de compañeros y docentes formaron un cordón de honor para recibirlo. Como si fuera la hinchada merengue, alentado por sus compañeros, el pequeño caminó hacia el estrado escoltado por las maestras, luciendo su gorra y una sonrisa radiante que reflejaba la alegría de haber superado la prueba más difícil.
Micrófono en mano y frente a la atenta mirada de cientos de alumnos que no paraban de vivarlo, el homenajeado tomó la palabra para dirigirse a sus compañeros:
¡Hola chicos! ¿Cómo están? ¿Me extrañaron? Yo también los extrañé. ¡Gracias! Gracias por todo
Aquellas breves palabras desataron una ovación generalizada en el establecimiento (un gesto que terminó de quebrarle la voz a más de una docente que acompañó la lucha desde el primer día). Tras la aplaudida intervención, el niño descendió del escenario tomado de la mano de una maestra y recorrió el patio chocando las manos con cada uno de los estudiantes que agitaban sus globos. Tras haber dejado atrás las salas de internación, la rutina de este valiente palpaleño empieza a recobrar la normalidad entre libros, juegos de recreo y el calor invencible de sus afectos.













Cliff
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