La historia de Giuliano Gurrieri no es solo la de un joven que juega al fútbol. Es la historia de un chico que, desde muy pequeño, se animó a soñar en grande. Que dejó todo lo conocido en busca de una ilusión, y que encontró en cada paso dado, por más difícil que haya sido, un motivo para seguir adelante. Porque para Giuli, el fútbol no es solo una pelota: es el hilo que une su presente con sus raíces, y su futuro con la esperanza.
Nacido en Palpalá, dio sus primeros toques enfrente de casa, en la escuelita de fútbol Deportivo Constitución, dirigida por papá, Marcos, su primer maestro, que nada podía haber logrado sin el apoyo incondicional de mamá, porque Yesi fue el sostén desde el primer día.
En esas tardes de tierra y botines gastados, cada sábado por la mañana en el Complejo Akerman Millares, mientras papá dirigía a los más grandes, mamá se ocupaba de la logística y el recibimiento de los visitantes y el travieso Ángelo se embadurnaba con el yogurt de vainilla, el pequeño “Giuli” ya mostraba una calidad distinta, una visión, un panorama y una entrega que llamaban la atención de los presentes.
Ni bien tuvo edad de inferiores, un semestre en Altos Hornos Zapla y otro en Gimnasia de Jujuy, fue todo lo que pudimos disfrutarlo en nuestra provincia. Porque Argentinos Juniors, siempre atento al semillero nacional, posó los ojos en él y no dudó en llevárselo a La Paternal. Tenía solo 13 años.
Fue entonces cuando llegó el primer gran desafío: el desarraigo. Dejar la casa, los afectos, el abrazo de mamá, el consejo de papá y los juegos con su hermano menor, Ángelo, quien hoy con apenas 11 años, es otro que se las trae y es seguido de cerca por Atlético Tucumán y Estudiantes de La Plata.
Cuatro años de formación en lo deportivo y en el estudio, porque realizó gran parte del secundario mientras vivía en la pensión, todo fue crecimiento en lo futbolístico y en lo personal. Pero como tantas veces ocurre en el fútbol, por momentos ingrato, el camino no fue lineal: a fines de 2024, tuvo que dejar Argentinos Juniors, por decisión del club.
Lo que para muchos hubiese sido un golpe devastador, para Giuliano fue un llamado a redoblar la apuesta. Pocos días después, viajó a Tucumán y se probó en Atlético, donde en cuestión de minutos, los entrenadores detectaron talento, personalidad y compromiso. Así fue como el “Decano” lo incorporó inmediatamente, dándole una nueva oportunidad para seguir escribiendo su historia.

En principio de la temporada, Giuliano formó parte de la quinta división, fue capitán y referente de la defensa. Días atrás fue promovido a la Reserva, un salto que habla de su madurez futbolística.
Hoy, en su tercer partido oficial, ante Lanús, le tocó convertir su primer gol, nada menos que el que abrió el marcador en un encuentro que terminó 2-3, pero que para él significó mucho más que un resultado. Fue la confirmación de que todo lo hecho hasta acá valió la pena.

“El gol que gritamos todos”. El que conoce la historia, como la estas conociendo vos, sabes de la valentía que tuvo aquel changuito de 13 años, que no festejó más un día del niño, porque se hizo hombre a la fuerza; porque Marcos, Yesica, Ángelo y tantos más le cantaron durante cuatro años el feliz cumpleaños por videollamada.
Giuliano marcó de cabeza su primer gol, pero sabe que lo ayudaron a saltar y ganarle en lo alto a su marcador, porque detrás suyo estuvieron Marcos y Yesica, quienes bancaron cada lágrima y el silencio de la distancia. Ayudó Ángelo, que sueña con seguir sus pasos, los pasos de su ídolo.
Giuliano Gurrieri es mucho más que una promesa. Es el ejemplo de que los sueños, cuando se sostienen con amor, esfuerzo y humildad, siempre encuentran su camino. Hoy pisa fuerte en Tucumán, pero nunca olvida de dónde vino. Su historia emociona, inspira y nos recuerda que detrás de cada jugador, hay un niño que soñó… y una familia que nunca dejó de creer.

















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