A pocos días de dejar su banca —su mandato culmina el próximo 10 de diciembre— la concejal de Palpalá, Hebe Callejo, formuló duras críticas hacia sus pares y el funcionamiento interno del Concejo Deliberante. En una reflexión que mezcla autocrítica y desencanto, cuestionó la existencia de cargos asignados a allegados de concejales —a quienes calificó como “ñoquis”—, la falta de un sistema de carrera para los empleados del cuerpo y un clima de sesiones tan conflictivo que lo comparó con peleas de artes marciales mixtas.
Durante una entrevista concedida a JujuyViral, la profesora y referente del Rotary Club Palpalá, no escatimó en reproches: “Los cargos en el Concejo —dijo— tienen que tener una carrera dentro del consejo para que se queden en planta. No puede ser que cada concejal que viene traiga cuatro, se queden cuatro y no importa si sirven o no sirven.”
Según su relato, muchas de esas personas “no asisten, tienen padrinos”, y su permanencia estaría determinada por lealtades políticas más que por méritos o desempeño. “No hay forma de que crezcan y aprendan; están agarrados a esto”, lamentó.
Pero su crítica no se detuvo allí. Callejo planteó que la dinámica de las sesiones —especialmente los días miércoles— se volvió una verdadera batalla verbal. “Empezaron esos griteríos, esos insultos… me fui muchas veces. Hice una nota pidiendo respeto; la cara del Concejo no puede ser gente irrespetuosa”, expresó, recordando los numerosos incidentes de violencia verbal que se multiplicaron durante estos cuatro años.
Ya no era debate, era como UFC… nos falta un ring
En sus palabras, el problema tiene raíces estructurales: la normativa que regula los cargos en el Concejo permitiría designaciones discrecionales, sin un proceso de selección ni evaluación clara del desempeño, lo que según ella alimenta prácticas clientelares y perpetúa ocupaciones “a prueba de fiscalización”. Esa situación, sostiene, afecta la calidad institucional del cuerpo deliberativo.
La concejal también adelantó que dejará el cargo con la convicción de que “algo tiene que cambiar”: fe en la política, defensa de la transparencia y exigencia de respeto. Pero advirtió que, si no hay voluntad de reformar la estructura interna, el Concejo seguirá siendo —en sus palabras— “un ring” donde ganan los gritos y no los proyectos.














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