Argentina ya está en semifinales de la Copa del Mundo y dada muchas de las circunstancias, es un motivo de celebración para los hinchas albicelestes. Lejos del conformismo, simple objetividad, las metas están alcanzadas y la Scaloneta disputará los 8 encuentros máximosposibles. Pero el 2-1 frente a Suiza, tras un partido que se tornó innecesariamente agónico, dejó varias tareas pendientes para un cuerpo técnico que, si bien tiene el mérito indiscutible de haber llevado al equipo a esta instancia, no puede ignorar que el funcionamiento colectivo viene mostrando fisuras preocupantes en momentos clave.
El partido se desarrolló bajo el libreto que Argentina suele proponer: posesión, paciencia y búsqueda constante de los espacios. El primer tiempo dejó destellos de esa versión sólida del ciclo Scaloni, con un mediocampo que supo manejar los hilos y un despliegue ofensivo que a los 10 minutos logró romper el cerrojo suizo con una jugada más típica de los equipos nórdicos que sudamericanos: la pegada precisa de Messi desde el rincón y un buen cabezaso de la versión Alexis Mac Allister que disfrute de pisar el área.
Sin embargo, en el complemento, la Scaloneta volvió a caer en su viejo vicio: la pasividad ofensiva y la desconcentración defensiva. Cabo Verde y Egipto desnudaron ese lapsus que ayer se volvió a manifestar. Una merma en la voracidad de gol que terminá decantando en pases cortos intrascendentes. Superpoblar el mediocampo con jugadores de buen pie no ha tenido el éxito esperado y termina siendo la genialidad de algún crak, llámese Julián Álvarez, el que termina de poner el marcador en el sitio del que no debería arriesgarse a cambiar.
El acierto del equipo radicó en su capacidad para no desesperarse cuando el bloque helvético se replegó, tras la infantil, casi ridículo expulsión del irresponsable Embolo. Argentina mostró una efectividad para golpear que jamás se pone en duda, pero que permanece latente hasta explotar en los últimos 30 minutos de partido, por ejemplo 7 de los últimos 9 goles fueron marcados en ese período (incluyendo el alargue de ayer) en otras palabras: esta versión del equipo de Scaloni es masoquista, necesita una motivació/sufrimiento para sacar a relucir la contundencia. Obviamente apoyado en la solvencia de la dupla central y la frescura de los ingresos en la segunda mitad que junto al buen nivel de Leandro Paredes, permite este impasse.
No obstante, el análisis objetivo obliga a señalar otros errores: la desconexión entre líneas tras el primer gol permitió que Suiza, un equipo disciplinado pero sin grandes individualidades, se adueñara de los rebotes y pusiera en jaque la victoria. La falta de un «Plan B» cuando el rival comienza a presionar alto y la tendencia a replegarse demasiado cerca del arco propio son lecciones que el equipo debe aprender inmediatamente, porque en la próxima instancia no habrá margen de error frente a un Bellingham o Kane que no saben perdonar ante el arco.













Fran
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