El fútbol moderno ya no entiende de linajes ni de partidos ganados antes de salir a la cancha, y los 16avos de final de la Copa del Mundo 2026 fueron la prueba más fehaciente: Paraguay dejando a fuera a Alemania o Congo haciendotranspirar a Inglaterra son prueba fehaciente de ello. El caso del partido de anoche no fue la excepción, en un cruce que en la previa se palpitaba como accesible, la Selección Argentina debió apelar a su amor propio y a la jerarquía individual para vencer por 3 a 2 a un durísimo Cabo Verde. El resultado mete a la Albiceleste en la próxima ronda, pero el rendimiento colectivo enciende alarmas de cara a lo que viene: el margen de error se redujo a cero.
Desde el pitazo inicial quedó en claro que la tarde noche no sería sencilla. Lejos de replegarse los 11 en el arco como la vieja escuela de Falcioni o Cruso, el conjunto africano planteó un partido donde tendría poco la posesión pero sería prolijo con ella, aún si tenía que arriesgar en la salidad desde el arco (pasó varias veces) transiciones rápidas que resultaron en algunas progresiones ofensivas eficaces.
La falta de fluidez en el mediocampo albiceleste obligó al equipo a depender en exceso de arrestos individuales. Cabo Verde olió la sangre y explotando las espaldas de los laterales nacionales, sobre todo de Molina golpeó con contundencia, obligando a la Scaloneta a jugar con el nerviosismo de verse abajo en el marcador y ante una posible verguenza histórica.
Como habrá sido de malo el partido de los 4 del medio De Paul, Fernández, Mac Allister y Almada que la primera gran pelota en profundidad fue ejecutada por la figura indiscutible de la noche: Licha Martínez, de gran mundial hasta aquí lanzó un pase profundo para el pique de nuestro capitán que con con control sutil y definición puso el 1 – 0. Luego metería un cabezaso para volver a poner en ventaja a Argentina y su compañero de zaga, Cuti Romero haría lo propio ya en el alargue para dejar tranquilos a los 47 millones de hinchas que no podían creer lo que hasta ese momento señalaba el marcador.
El pitazo final trajo un desahogo ensordecedor en las tribunas y el abrazo de alivio entre los jugadores, pero las caras en el banco de suplentes reflejaban que el examen se aprobó con lo justo. Argentina avanza a los octavos de final cumpliendo el objetivo primordial de seguir con vida, pero el bajo nivel colectivo dejó flotando muchas dudas. Ojo que Egipto sin ser una maravilla, en los papeles es más que Cabo Verde, pero en el futbol moderno, los rangos, estrellas y escudos ya no se respetan.












