El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer los datos oficiales correspondientes al octavo mes del año, arrojando un Índice de Precios al Consumidor (IPC) del 1,7%. El número trajo un fuerte alivio a la administración gubernamental, ya que logró quebrar la resistencia del 2% y consolidó una clara desaceleración respecto al 2,1% que se había registrado en julio.
Con este escenario oficializado, los números a nivel nacional lograron empatar con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. En la previa, diversas consultoras privadas y analistas financieros habían pronosticado de forma unánime un piso y techo estrecho, y el consenso marcaba exactamente un 1,7% para el mes de agosto. El comportamiento de los precios estuvo impulsado por una moderación en ciertos rubros urbanos, repitiendo el fenómeno anticipado por la Ciudad de Buenos Aires que ya había medido idéntico porcentaje en su jurisdicción, logrando una fuerte baja frente al 2,9% de su medición porteña anterior.

A pesar de la marcada desaceleración en el nivel general, mantener las necesidades más elementales sigue requiriendo presupuestos muy robustos. La Canasta Básica Total (CBT), que establece la línea de pobreza, experimentó una suba del 2,6% frente al mes anterior. Esto significa que un hogar estándar de cuatro integrantes necesitó reunir $1.605.497 en agosto para no caer en la pobreza.
Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide el umbral de indigencia, replicó la misma variación mensual del 2,6%, situando el requerimiento económico indispensable para la misma familia tipo en $726.469. Con estos valores oficiales sobre la mesa, ambas canastas acumulan una escalada interanual que se ubica en 38,3% y 39,6% respectivamente, demostrando que la macroeconomía en verde tarda un poco más en notarse en las góndolas más urgentes.

Al desglosar el reporte por divisiones, queda en evidencia que el ancla de los precios se explica en gran parte por rubros que directamente operaron a la baja o se estancaron de manera atípica. El rubro de Prendas de vestir y calzado experimentó una deflación del -0,6%, mientras que Recreación y cultura marcó un inusual estancamiento en 0,0%.
En la vereda de enfrente, el sector que más presionó el bolsillo de los argentinos fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles con un incremento del 2,8%, motorizado primordialmente por el actual esquema de actualización de tarifas. Inmediatamente después se ubicaron Educación con 2.5%, y los rubros de Bienes y servicios varios junto a Salud, ambos escalando un 2,4%. Como dato que marca el pulso de los hogares, los Alimentos y bebidas no alcohólicas, la división con mayor peso en el día a día, copiaron exactamente el nivel general nacional clavando la aguja en un 1,7%.













