La crisis institucional del Partido Justicialista (PJ) – Distrito Jujuy sumó este jueves un capítulo determinante. Tras casi tres años de una intervención partidaria que no logró alcanzar su objetivo de normalización, el Juez Federal N°1 de Jujuy Esteban Hansen, resolvió desplazar a los interventores designados en el lejano 2023, Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez, para dar paso a una intervención de carácter judicial.
La medida surge como respuesta a la judicialización del proceso interno, motorizada principalmente por sectores que denunciaron proscripciones y arbitrariedades. La resolución judicial pone el foco en las Resoluciones N° 2 y 3 del año 2026, mediante los cuales los políticos profundamente identificados con el kirchnerismo habían dispuesto sanciones y la exclusión de padrones de aproximadamente 300 afiliados, entre ellos figuras de peso como la senadora nacional Carolina Moisés, el ex vice gobernador Guillermo Jenefes o el diputado provincial Rubén Armando Rivarola, entre otros.
Desde el plano técnico, el fallo declara la nulidad de dichas resoluciones por considerarlas violatorias de los derechos de participación política. Según el documento judicial, el Juzgado Federal ha dispuesto la «intervención judicial del Partido Justicialista de este distrito por el término de ciento ochenta (180) días».
Para esta nueva etapa, la justicia designó como interventor a Ricardo Guillermo Villada, ex ministro de Gobierno, Derechos Humanos y Trabajo de la provincia de Salta. Villada tendrá la responsabilidad de presentar informes quincenales ante el tribunal sobre el avance de la normalización y fundamentalmente, garantizar un proceso electoral transparente que permita devolver la conducción del partido a sus afiliados.
Un conflicto que data de los tiempos de Alberto
La intervención original del PJ Jujuy fue decretada a mediados de 2023 por Alberto Fernández, en su doble rol de presidente de la Nación y del partido a nivel nacional. En aquel entonces, se argumentó que la dirigencia local se había distanciado de los lineamientos del movimiento, especialmente por el proceder de algunas figuras locales durante la convención constituyente que aprobó la reforma.
Sin embargo, la gestión de Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez quedó envuelta en tensiones internas, especialmente con los sectores que acusaban a la intervención de responder a los intereses de La Cámpora y el kirchnerismo ortodoxo, focalizando sobretodo en la ex diputada Leila Chaher, quien acumula una gran cantidad de enfrentamientos con los dirigentes antes mencionados.
Las idas y vueltas para convocar a elecciones internas y las recientes sanciones a dirigentes que cuestionaron la estrategia partidaria terminaron por agotar la instancia administrativa, derivando en el actual desplazamiento ordenado por la Justicia.

Repercusiones: «Bregar por la unidad»
En la Legislatura provincial, la noticia fue recibida con cautela pero con un marcado pedido de apertura. La diputada provincial del PJ, Daniela Vélez, se refirió a la designación de Villada subrayando la necesidad de un proceso inclusivo.
Esperemos que se pueda dar participación a todos los espacios. Siempre voy a bregar por la unidad del Partido Justicialista, que formen parte todos los espacios que tengan su corazoncito peronista
Vélez evitó profundizar en críticas hacia el nuevo interventor, señalando que solo se sabe que es funcionario del gobierno salteño, pero enfatizó la importancia de normalizar la herramienta electoral frente al contexto socioeconómico actual: «Más que nunca necesitamos que todos trabajemos en conjunto por la situación que están atravesando las clases más vulnerables, los jubilados y por los recortes en medicamentos. Llamo a la unidad del Partido Justicialista».
Después de tantas idas y vueltas que solo han atomizado al PJ, logrando una depresión que se ha notado en las urnas durante el año pasado, es momento de iniciar una cuenta regresiva de seis meses para intentar cerrar sus heridas internas y tratar de definir su destino a sabiendas todo lo que se juega en un 2027 que tiene un escenario tan desordenado como la propia casa peronista.














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